Mostrando entradas con la etiqueta economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economía. Mostrar todas las entradas

20.5.12

La felicidad de los españoles (primera parte)

A raíz de una asignatura de la universidad, me he embarcado en una curiosa aventura: la búsqueda de la felicidad. Un concepto desde luego muy interpretable, difícil de medir y que a primera vista nos hace pensar en Will Smith.
No obstante, hay información–y mucha–al respecto. Me centraré en lo que he encontrado en los resultados del World Values Survey, una asociación sin ánimo de lucro que se dedica a analizar e interpretar creencias y valores a lo largo y ancho del globo.
Más de uno se preguntará cómo se calcula la felicidad: depende de la mayor o menor capacidad de elección la sociedad. Y esta elección se basa en tres variables principales: desarrollo económico, democratización y tolerancia de la sociedad (con la tolerancia se refiere al grado de aceptación de los considerados como outgroups o "grupos extraños", véanse homosexuales, inmigrantes y percepción de la igualdad de sexos). Podríamos pues decir que cuanto más rico, democrático y alejado del tradicionalismo esté un país, más felices serán sus habitantes. Y pensando en un Estado que no cumpla con algunas de estas variables–como China–, el resultado no deja duda alguna:


Nos lo pensaremos dos veces antes de meternos con su graciosa forma de decir "Negrita" cuando compremos en alguno de los establecimientos que llevan su nombre.

Por otro lado en la Dinamarca de 2007, un 52% de la población reconocía estar tremendamente satisfecha con su nivel de vida (puntuándolo con un 9 en una escala de 10) y un 45% reconocía estar muy satisfecha. Meanwhile in Armenia... un 5% reconocía una enorme satisfacción en su nivel de vida (misma escala que la danesa) y un 6% estaba muy satisfecha. El porcentaje restante en cada uno de los países deja claro que el poder adquisitivo juega un papel importante en el encuentro con la felicidad.
Sin embargo, ocurre lo siguiente con algunos países occidentales que consideraríamos a priori como sinónimos de libertad y bienestar social:





Curioso, ¿verdad? ¿Qué les estará pasando a los australianos?
Contextualizándolos con el resto de países, así quedaría nuestro más o menos feliz mundo (para quien busque Jamaica, no, no está; al parecer no se tomaron muy en serio los cuestionarios):

(Haz click en la imagen para ampliarla)

A medida que avanzamos por el eje de abcisas, incrementa la renta per capita, y a medida que subimos por el eje de ordenadas, el ratio calculado para la unión de felicidad y satisfacción con el nivel de vida. España no es la mejor situada pero tampoco podemos decir que seamos infelices. Somos una carcajada limpia con lágrimas de alegría comparados con Zimbawe.
Bien se aprecia que el dinero no lo es todo, y ahí tenemos a los países de América Latina como ejemplo. La principal respuesta a estos altos niveles en el continente sudamericano reside en su arraigada creencia en Dios, así como los "infelices" países ex-comunistas lo están por el decepcionante desenlace de este sistema y la consiguiente transición política, económica y de mentalidad hacia el capitalismo.
Pero ¿qué pasa en España? ¿Nos falta samba? ¿Nos sobran envidias? ¿Nos falta crítica? ¿Nos falta religión? ¿Por qué dentro de los países de altos ingresos, salvando unas pocas excepciones, somos menos felices? ¿Qué ha pasado con nuestra fiesta? ¿Nos falta dinero? Ciertamente sí, pero en el momento en que se calculó el gráfico llegamos a ser la 8ª potencia mundial en términos de PIB... Queda claro que somos una de esas excepciones de que "el dinero no da la felicidad".

Si la crisis no es una excusa al tomar datos anteriores a 2007, entonces, ¿qué nos estará arrebatando la felicidad?




Fuente:
  • Inglehart, R., Foa, R., Peterson, C., Welzel, C. (2007). "Development, Freedom, and
    Rising Happiness. A Global Perspective (1981–2007)", Department of Political Science, University of Michigan; Department of Government, Harvard University; Department of Psychology, University of Michigan; School of Humanities and Social Sciences, Jacobs University, Bremen, Germany, pp 264-285.
  • http://www.worldvaluessurvey.org/wvs/articles/folder_published/article_base_106 (última consulta a 10/05/2012)



5.1.12

Qué poco cuesta salir de la crisis

La historia no se repite pero rima, decía Mark Twain. Se acabará la crisis pero ya se encargará la función de encontrar otro punto de inflexión. Después de la euforia viene la derrota y después de la tormenta siempre llega la calma. Y así sucesivamente. Aprendemos a base de hostias. Hemos montado una fiesta en nuestra casa, nos hemos emborrachado, hemos bailado, hemos conocido a una tía, hemos comido un kebab a las 5 de la mañana y nos hemos metido en la cama. Lo que pasa es que al día siguiente tenemos una resaca del copón, el apartamento está lleno de mierda, hay que recoger y limpiar y nos hemos quedado sin pasta por no sabernos controlar.

Llega el sentimiento de culpa y el "no lo volveré a hacer". Por eso crece el respeto por el medio ambiente, hacemos las paces a través de la triple bottom line, llega el freeworking, el "yo te ayudo con esto y tú me echas un cable con esto otro", el mercado de segunda mano y el modelo low cost.
¡Ah, el modelo low cost! Desde Ryanair hasta Cien Montaditos, pasando por IKEA, Tiger y el freemium de internet. Se llega a veces a confundir lo gratuito con lo que cuesta unos pocos céntimos.
Lo que triunfa se acaba copiando, y el bar de Manolo ya ofrece cubos de cerveza por 3€ y tapas al pavo.
Hace diez años pagábamos 15€ por un cd de los Red Hot y hoy pagamos 4,99 por un acceso ilimitado al catálogo de música de Spotify.
¿Gastamos menos dinero pero con mayor frecuencia? ¿Quiere decir esto que se incentiva el consumo lo que reactiva nuestra maltrecha economía? Me inclino a pensar que así es. Nosotros nos buscamos las crisis pero nosotros mismos salimos de ellas. Estamos alumbrando un nuevo modelo de consumo, contribuyendo con lo poco que nos queda. Porque nos gusta saber que tenemos dinero y podemos gastarlo.
Durante la Gran Depresión se comenzó a comercializar un juego llamado Monopoly, que adquirió un éxito total pues concedía al jugador el poder, aunque ficticio, adquisitivo.
La historia no se repite –ya que somos más ricos que hace 80 años– pero rima –cambiando billetes del Monopoly por productos y servicios baratos pero reales–.

26.5.10

La inversión de la crisis


¿Cómo salir de la crisis? Emprendiendo. Los demás Estados pueden ayudar en determinados momentos, minicrisis fatales como la de Grecia, pero es el propio país el que debe de seguir adelante e ir asomando la cabeza. Son los propios ciudadanos quienes deben conseguirlo. Algo bueno tienen las crisis y es que despiertan la creatividad: el cerebro y la idea en consonancia. Y esa creatividad se transforma en el génesis del negocio, lo que le da la forma. Pero, ¿qué ocurre con el contenido? ¿Por qué en España tienes que perder la cabeza y el tiempo tramitando y haciendo todo tipo de gestiones? ¡Para qué tanto impedimento si es tu salvación!
Todo esto me viene por la noticia de que en Callao se ha improvisado un Speaker's Corner, estandarizado con un podio y unas paredes con el título de Emprendedores bien grande, donde uno puede subirse y exponer ideas propias de negocio o hablar de sus propios negocios y de cómo están afrontando el temporal. ¡Si hasta tenemos que copiar técnicas foráneas centenarias! Todo esto está muy bien, el circo está montado, excelente. 'El Día del Emprendedor' tiene la misma importancia efímera que el día del Libro o que el día contra de lucha contra el SIDA. Se convierte en un mero escaparate, un chiringuito feriante, que aparca, monta y desmonta. Debería ser un asunto nacional y no una fecha en el calendario. Los tiros andan desviados. Realmente poco puedo hablar sobre las ayudas del Estado en este aspecto, pero observo mi entorno y a nosotros, que somos los estudiantes, los que nos estamos formando y los que más posibilidades tenemos de iniciar algo, y estamos dejados de la mano de Dios.
Todos aquellos que comenzaron tiempo atrás, todas esas grandes fortunas amasadas durante años y ahora apoltronadas deberían servir para algo más que transformarse en minucias materiales. Pero pasa como con los partidos políticos: no hay unidad en el momento que más falta hace. Las universidades empiezan a dejar ver proyectos y cursos para formación emprendedora, ¿pero de qué sirve emprender si te implantan un sistema de estudios que devora tus mañanas y o tus tardes? Académicamente es correcto, pero con la pega de la incompatibilidad absoluta de dedicarte a algo serio.
No hay solidaridad, esa es la palabra. El dinero que pretende ahorrarse el gobierno con los recortes planeados debería invertirse. Que sea la inversión de la crisis: que la Administración acelere procesos, que los que de verdad tienen dinero presten con cuidadosa atención al decidido, sea estudiante o no y que entre ellos curen esta enfermedad cultural que arrastramos en iniciativa emprendedora. Facilitar la creatividad y las ganas.
Mire por donde se mire es crear negocio, y como negocio entre varias partes, todas tienen que salir ganando.