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30.1.17

Ir al aeopuerto de Adolfo Suárez Madrid Barajas en Uber por sólo 15€

Desde el pasado 26 de enero y hasta mediados de abril, la línea 8 de Madrid que lleva al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas estará cerrada al público. Y es el momento perfecto para utilizar servicios alternativos.

En este caso, la propuesta de Uber es la más barata y competitiva. Mientras un taxi te cobra 30€ si vas al aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid Barajas, cogiéndolo desde dentro de la M-30, hasta el 8 de febrero podrás ir y volver con Uber por sólo 15€ el trayecto (tarifa fija).

¿Cómo activar el servicio?
 
Desde el interior de la M-30 al Aeropuerto
  1. Abre tu app de Uber (puedes programar la solicitud de tu viaje desde dentro M-30)
  2. Introduce el código promocional madridairport
  3. Introduce a la terminal a la que viajas
  4. Pide la nueva opción UberAIRPORT
Desde el Aeropuerto al interior de la M-30
  1. Abre tu app de Uber
  2. Introduce el código promocional madridairport (si ya lo has introducido antes no es necesario)
  3. Selecciona la terminal a la que viajas o desde la que sales
  4. Pide la nueva opción UberAIRPORT

¿Aún no tienes Uber? ¿Que aún no sabes cómo conseguir 5€ por la cara?
Aquí puedes hacerte con una + 5€ para tu primer viaje: https://get.uber.com/invite/19ha8.
Si ya tienes la app bajada, pero aún no has hecho ningún viaje, también puedes los 5 € con meter el código 19ha8 en la sección de métodos de pago.


6.10.11

Cómo ganar a Alberto Contador

La bici se está poniendo de moda en Madrid. Las bicis plegables se suceden por las tortuosas calles de la ciudad.
No hay carriles bicis, y los que hay lucen orgullosos sus socabones como los del barrio de la peseta o son utilizados como vía alternativa para los peatones.

 Carril bici de Las Margaritas–Universidad Carlos III

Aunque han hecho esfuerzos considerables para las dos ruedas como el anillo ciclista o Madrid Río, ¿continuará esta práctica o es efectivamente una moda? ¿Se llegará a adaptar el suelo urbano y veremos un día un carril de subida y otro de bajada a ambos lado de la Gran Vía?
No es fácil europeizar en este sentido una gran ciudad como Madrid. Las distancias son considerables y la coche-dependencia que se vive generalmente en nuestro país con respecto a nuestros vecinos no ponen las cosas fáciles.
Prueba de ello es la cara que se nos quedó la semana pasada en la estación de AVE de Segovia-Guiomar cuando nos prohibieron meter las bicis en el tren. Un tren que iba vacío. Literalmente.
O cuando pliegas tu bici y entras en un bus de la EMT y el conductor te prohíbe también la entrada. Sin hablar de los robos, bicis que terminan siendo
En efecto nuestras infrastructuras no están preparadas para esta oleada sobre ruedas porque nuestra mentalidad no lo está tampoco. Primero por la mencionada coche-dependencia pero también por una estúpida vergüenza o dígase prejuicio que parece imperar si vas montado en una bicicleta.
Y con ello corremos el riesgo de que la práctica biciclística no se adapte.

Una buena forma de moverse por Madrid es subido a lomos de una bici plegable. Para más información, consulta esta web de bicicletas plegables.



19.9.11

Volviendo a tocar los cojones

Tras un increíble año en Suiza, ha llegado la hora de volver a Madrid. De terminar con lo que empezamos y de seguir hablando de lo que se me pasa por la cabeza o delante de mis ojos.
Una de los puntos fuertes de salir al extranjero es que ves cómo pinta tu país desde lejos, cómo es percibido por ojos ajenos y foráneos y finalmente cómo uno lo acaba percibiendo. Por ello, y ahora que me creo capaz de compararlo, intentaré retomar Enredado desde un punto de vista más crítico en este sentido. No es mi intención la de despotricar contra España o la de intentar compararla con Suiza–una comparación la mar de jodida, todo sea dicho– sino de intentar identificar lo que para mí son debilidades y tratar de proponer soluciones. A cualquier nivel. Consciente soy ya de que caerán en saco roto pero me conformo con obtener comentarios y algo de feedback de los que lean estas líneas.
Y empezaré con lo primero con lo que me he reencontrado: el abono joven de transportes.


No es que no me acordara que "entre 10 y 15 días" puedo ir a recoger mi abono Joven al estanco, es que me parece sencillamente, una estupidez. No sólo estás esperando una fecha que lejos queda de ser exacta, sino que no se nos proporciona ningún tipo de abono provisional para la espera.
¿Cuánto valen 15 días de transporte en Madrid? Pondré mi ejemplo. El tren de todos los días de la semana hacia Las Margaritas, ida y vuelta tiene un precio por trayecto de1,50€; luego 3 x 5 = 15€ por semana para ir a la universidad. A lo que hay que sumar fines de semana, pongámosle una media de 4 viajes en metro y otros 4 en autobús: 1,50 x 8 = 12€. En total, 27€ en 7 días. Pero no nos alarmemos ya que el abono estará disponible "entre 10 y 15 días". Se dobla casi el precio del abono transporte mientras lo esperamos.
Pero aún hay más. Te piden que seas previsor y que te lo hagas con estas dos semanas de antelación para, una vez en mano, comprar el billete del mes que entra. ¿Y si no te queda más remedio que hacértelo a principios de mes? ¿Hay que adquirir un billete para medio mes, con el mismo valor que el del mes entero, sumándole además los gastos de espera?
No es cabreo, es rabia de que esté tan mal programado. Y para más inri estamos hablando del abono transporte para jóvenes, esos Warren Buffet de la sociedad española.
Tenemos los únicos autobuses interurbanos del mundo dotados con WiFi pero seguimos estando obligados a entrar por la única puerta de las 3 que se abren, la puerta del conductor. Para pagarle.
Otras más: bancos que nos consideran jóvenes hasta los 30, carnés que nos consideran jóvenes hasta los 26 y abonos de transporte que nos quieren cortar las alas con tan sólo 23 años. ¿Quién decide todo esto?

Me da igual si no puedes compartir en Facebook que acabas de subirte en el metro del intercambiador de Moncloa, pero vivimos en una sociedad suficientemente informatizada como para poder proveer a los ciudadanos, ya no sólo madrileños sino españoles, de tarjetas electrónicas–al más puro estilo Oyster Card si se quiere– que no ocupen más sitio que en nuestra cartera y que puedan programarse para los días que queramos o podamos utilizar el transporte público. Ganamos en eficiencia (buses que paran menos tiempo para pagar al conductor) y en comodidad.